Vivo entre gente muy similar a nostros los mexicanos
Rodolfo Herrera Salda?a
 

Una vez ya en Rumania y cansado, hambriento y sediento del viaje, pregunté
en inglés a un pasajero si había en el tren algún lugar en donde se podía
comprar algo de beber o comer y escuchando esto el guardia fronterizo, vino
hacía mí y me regaló una cerveza alemana de lata bien fría, también me
regalo un encendedor.

No quiso recibir dinero y como en aquella época tocaba la flauta, para
agradecer este gesto amistoso, toque algunas melodías latinoamericanas a
este guarda, creo que le gusto, dijo algunas palabras como bravo y muchas
gracias y después se fue.

El tren continuó su marcha hacía Bucarest, el cansancio fue mi mejor
alimento y me quede profundamente dormido cuan larga era la banca del
compartimiento vacío de un vagón de segunda clase y así pasó mi primera
noche en Rumania. Puedo decir que mi primera impresión fue una excelente y
si descansé.

Hacía las nueve o diez de la mańana me desperté por Predeal y confirmé que
estaba en Rumania pues a través de la ventana del tren vi como pasó un
camión de carga que decía Romania Transport. El compartimiento estaba lleno
de mujeres, nińos y ancianos que me miraban con mucha curiosidad sin
atreverse a molestarme, todos estaban sentados en la banca de enfrente. Me
incorporé para hacer lugar para que se sentaran y comenzamos a hablar un
poco en inglés, había un periodista, un chofer, una secretaria y una mamá
con sus hijos que iban de visita a Bucarest.

Llegamos  a Ploieşti y ahí estuvimos parados por espacio de tres horas o
más, situación que hizo que llegara tarde la Oficina de Becas del Ministerio
de la Educación y la Enseńanza.

Baje del tren y nuevamente quiero mencionar que la amable gente que viajaba
conmigo en el compartimiento me ayudó dándome una monedas para hablar por
teléfono. Salí por la puerta principal de la estación del Norte y creí que
la plaza que está enfrente era el centro de Bucarest.

Tomé un taxi y después de muchas vueltas sin sentido para mí y con sentido
para el chofer que me cobró 4 dólares por escasos 2 km., llegue a la calle
de Spiru Haret, encontrando la puerta cerrada. Ahí hablé a la Embajada de
México y me indicaron que tenía que regresar hasta el día siguiente y que
tenía que tomar otro taxi que me llevara al Internado número 3 de transito
del Instituto Agronómico ?Nicolae Balcescu? a la salida de Bucarest.

Todos los extranjeros llegábamos a parar ahí y ahí llegue yo también.
Compartí un cuarto con 14 estudiantes de Jordania. En fin ahí si ya pude
tomar una ducha con agua a la temperatura del bańo, muy fría pero ya limpio,
pude por fin ir a comer, después de tres días de casi no comer nada.

Antes de salir de México, recibí de la Embajada rumana, un pequeńo curso de
lengua rumana, el cual me ayudó para poder establecer mis primeras
conversaciones con las personas, obviamente que mi pronunciación era
totalmente deficiente.

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