Vivo entre gente muy similar a nostros los mexicanos
Rodolfo Herrera Salda?a
 

En la cola de la comedor traté de entablar conversación con alguien, el
resultado fue negativo, cuando llegó mi turno para recibir mis alimentos, la
cocinera tomo la cartela que tenía para comer toda la semana y la metió toda
en su caja de registro, sin saber o sin querer me quede sin comida para los
seis días más.

Esa tarde parece que comí una sopa muy diluida con pan, arroz con carne de
pollo y sin agua. Al preguntar donde podía beber algo, encontré a dos
cubanos, quienes me invitaron a sentarme a su mesa. Después amablemente me
invitaron a su cuarto y ahí bebimos un poco de ron de Cuba muy sabroso con
un poco de agua.

Este fue mi primer día en Bucarest, no sentí que mi primera impresión
recibida en la frontera se opacificara, todo lo contrario comenzaba a
conocer Rumania. A mis 22 ańos deseaba conocer verdaderamente este país y no
quería dejarme llevar por las primeras impresiones, obviamente que toda
consecuencia tiene una causa. Yo venía para conocer el porque de nuestras
semejanzas.

Además ya tenía experiencia de viajar para conocer diferentes lugares, en
todo tipo de condiciones, antes de venir a Rumania, con dos buenos amigos:
Juan Carlos de la Ciudad de México y Rodolfo de la ciudad de Puebla, viaje
mucho por el interior del país conociendo diferentes ciudades sin muchos
lujos.

Viajamos en aventones y dormíamos en donde nos llegaba la noche, hoteles
baratos, en casas viejas, en parques, bajo monumentos o al interior de
fuentes sin agua. Todo esto lo hacíamos con la idea de conocer
ciudades, lugares, monumentos y personas.

De cualquier forma era la primera vez que salía solo de mi país y atravesaba
solo el océano lejos de casa y lejos de cualquier punto de apoyo, sólo
contaba con mis sesenta kilos de equipaje, mi flauta y $120. dólares
ahorrados, esto me quedo después de haberme pagado mi boleto de avión de ida
hacia Alemania, (el de regreso estaba incluido en la beca, además del envío
a México de 150 kilos de equipaje gratuitos de efectos personales, libros,
discos y ropa).

De todas formas no tenía porque hacer un pre-juicio de los primeros días de
estancia en Rumania. De mis primeras impresiones puedo decir que si de
inmediato me di cuenta que la vida era ordenada y más tranquila que en la
Ciudad de México, la gente no sonreía y no hablaba  mucho entre si.

En cambio si eran curiosos y si querían acercarse y hablar conmigo. Hacia
frío y estábamos a finales de noviembre, para calentarme un poco yo usaba un
sombrero y un sarape blanco ?poncho? para taparme pues no tenía otra cosa y
sin quererlo llamaba la atención, aunque no era este mi deseo.

Al día siguiente de mi llegada  a Bucarest, 20 de noviembre día de la
Revolución Mexicana, me dirigí en la mańana hacia la Oficina de becas para
extranjeros del Ministerio de la Educación.

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