Vivo entre gente muy similar a nostros los mexicanos
Rodolfo Herrera Salda?a
 

En el camino hacía Regie encontramos un expendio de leche y Pablo el
estudiante de Cibernética que me invito a dormir en su cuarto y yo,
destapamos dos botellas de leche y las bebimos todas, dejando la botella y
el dinero adentro en su lugar. Ya con el estomago lleno de leche helada,
continuamos el camino hacía el Internado.

El cansancio, el frío por tener la ropa y los zapatos delgados completamente
mojados, me hicieron dormir profundamente, sońé incluso que estaba con una
amiga paseando una mańana asoleada en Chapultepec, un parque muy grande que
hay en México.

A la mańana siguiente al despertarme vi todo blanco y muy frío, después de
despedirme de Pablo y agradecerle su hospitalidad. Tuve que caminar de
regreso a la calle Frumoasa donde vivía y con los zapatos y pantalones
húmedos llegue al cuarto en donde por el frío me quede dormido nuevamente
hasta que dos compańeros rumanos al verme dormir todo el día, me despertaron
para que fuera a comer con éllos al comedor de la Facultad.

En 1975, Bucarest era diferente a lo que es ahora, tengo la impresión que
había exactamente todo para todos. Las vitrinas de los almacenes de comida,
o de ropa no enseńaban una gran abundancia de productos, pero si se podía
comprar todo a muy buen precio. No se veía pobreza o suciedad por las
calles. Yo conocía un poco la abundancia de Múnchen o Regensburg dos ciudades  alemanas, en donde si había mucho que ver en sus almacenes, incluso
demasiado derroche. En Bucarest, había lo necesario para todos, sin lujos.

Yo quería entrar contacto con la gente, con mis compańeros en la
Universidad, pero veía a la gente temerosa y al mismo tiempo deseosa de
hablar conmigo, más tarde supe que había una ley que prohibía la relación o
amistad con nosotros los extranjeros. Entonces solo en grupos de tres
personas se juntaba conmigo para platicar. Como para que hubiera testigos de
lo que se hablaba o decía. Situación por demás molesta para mi, no estaba
acostumbrado a sentirme aislado.

En la cola del comedor me daban preferencia para que me sirvieran antes para
comer, o las cocineras me daban un cucharón de más de sopa o un poco más de
frijoles, carne o puré. Me sentía adoptado por los demás y sin abusar de
esta situación agradecía con respeto estas atenciones que la gente me prodigaba.

De todas formas insisto, si sentía una cierta reserva de la gente hacía mí
tenían un cierto temor y con el tiempo empecé a sentirme mal conmigo mismo
pues no quería ser la causa para que la gente tuviera problemas al hablar
conmigo. No era un sentimiento de culpa el que yo tenía, no hacía nada malo
con estudiar aquí, pero si traté no crear problemas a los demás aunque para
mí esto no me fue nada agradable.

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